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El Reality de OT 2017

Siempre que pienso en OT 2017, pienso en una maravillosa generación de jóvenes que representan la cara más bondadosa del futuro y del progreso.

 

A ver, señora, que una no es ningún viejo, que quien me lee es que yo ya estoy más acabada que la niñera de Jurassic World, pero nada más lejos de la realidad. Es más, Ricky es mayor que yo y ni siquiera necesita taca-taca, como ya pudimos ver en Let Me Entertain You. Un besito, Ricky, te quiero.

 

En fin, a lo que iba, que me lío.

 

 

Esta generación de concursantes de este maravilloso talent-show-reality-droga-dura-casa-de-muñecas-de-Noemí-Galera que nos tiene a todas hablando solas, perdiendo horas como las locas enganchadas al 24 horas y escupiendo cereales en cada pase de micros por los numerazos.

Parafraseando al youtuber Malbert, una de las puntas de flechas del critiqueo máximo OTero: “En España no nos ponemos de acuerdo en las elecciones, pero para echar a Juan Antonio sí”. Restando la mala baba de las declaraciones de aquí mi prima, sí quiero destacar el fondo de todo esto, y es que es maravilloso que Operación Triunfo nos haya unido a mi madre, a mi prima de cuatro años más que yo, a mí, a mi sobrino y a las hijas de mis amigas en el mismo salón todos los lunes por la noche.

 

Que yo no sé tú, Antonia, pero yo eso no lo veía desde el Gran Prix o El Juego de la Oca. Y si no sabes qué son esos programas, te lo googleas, por niñata.

 

Y ya no sólo es quedar para ver la gala, tía. También es el seguimiento que le damos a los concursantes, que parecen celebrities y lo más grande. “¡Alfred se ha comido un plátano!” Twitter arde. “¡Que Aitana llora!” Twitter se entristece. “¡Que Amaia se ha tirado un pedo!” Twitter explota, directamente. Pero los demás, ¿qué?

 

La gran injusticia que se está produciendo en OT 2017 es que la parte reality está ensombreciendo la parte talent show, pero es que precisamente es la parte reality lo que está ensalzando la edición como la generación de diversidad que comentaba al principio.

El reality está provocando que una gran voz como la de Agoney (este es mi yo objetivo hablando, aunque no te lo creas) esté siendo ensombrecida por un grandísimo imitador como es Alfred, que tiene una capacidad altísima para mimetizar e interpretar acordemente una canción, pero carece de estilo propio, a diferencia de mi amigo y dueño de esta web, que sí lo tiene.

 

El reality también está provocando que Cepeda, un concursante con una nula evolución dentro del concurso, siga dentro de la Academia, mientras Ricky o Mimi, dos grandísimos artistas con un talento y sello característico, estén fuera. El reality también está provocando que concursantes con una evolución bestial, como Mireya, estén pasando a un segundo plano, por su carácter discreto y noble, y que participantes como Aitana sigan estando en el candelero, viviendo de las rentas de No Puedo Vivir Sin Ti e Issues.

 

Y, por encima de todo, el reality también está provocando que la personalidad fuera del escenario, como la de Amaia, tenga más peso en el concurso, que la presencia escénica y el virtuosismo cada lunes, como pasa con Agoney.

Sin embargo, efectivamente, el reality también está provocando.

 

  • El reality está provocando que cada vez más jóvenes y adultos sepan de feminismo, a través de aliados tan discretos y correctamente educados como Alfred.
  • El reality está provocando que más gente tenga acceso a las diferentes acepciones de la palabra Trans, y lo que ello conlleva, gracias a Marina.
  • El reality también está provocando que normalicemos un beso homosexual como parte de un número musical, como han hecho Agoney y Raoul.

 

Es por ello, querida amiga, que te pido entendimiento.

 

Quizás, como yo, te plantees que el reality le está haciendo flaco favor a concursantes que pasan más desapercibidos, como nuestro queridísimo Agoney, pero piensa también que si no fuese por ese reality, no tendríamos reflejo tan bello de tan grandiosa generación de jóvenes que respiran un mundo que los que veníamos detrás sólo osábamos imaginar. Y por supuesto, Agoney es un agente protagonista del cambio.

Como servidor dijo en una entrevista que le hicieron en una emisora de radio, al inicio del programa, Agoney ya se encargará de demostrarnos a todos su talento y su capacidad vocal, como ya ha venido haciendo a lo largo del programa, y aún queda por demostrar todo su potencial (Noe, tía, una de Queen o de Whitney, enróllate, venga). Pero para lo que está sirviendo el 24 horas es para mostrarnos el Agoney del que yo estoy profundamente enamorado, y el que tengo el placer de llamar amigo: el Agoney payaso, el que se ríe, el que está todo el día cantando, el voluntarioso, el Agoney que apoya y llora, el Agoney que abraza, el que siente y el que reconforta.

 

Ese Agoney no lo hubiésemos visto jamás encima de un escenario, porque cuando canta vemos al divo, el talento, la tenacidad, la garra, la mirada que te atrapa hasta el paroxismo. Ojo, que no es malo, ¿eh? Sólo que yo creo que, paradójica y tristemente, en este mundo hay más artistas que buenas personas, y necesitamos al Agoney del reality más que nunca. Bueno, y a Nerea. Porque joder, todos queremos a Nerea, y si no, no tienes corazón.

 

Total, que esto me ha quedado enorme y un artículo muy de periodista, sin ser yo nada de eso. Sólo quiero recordarte que todas las opiniones vertidas en este artículo son mías y únicamente mías, aunque estén en la página web de Agoney. Así que, mi vida, si te ha molestado algo que has leído en el artículo, pues me perdonas, de verdad de la buena. Es sólo mi visión de las cosas. Y si no te vale con eso, pues me denuncias. Ya te veré yo en la puerta de los juzgados y te arrastraré de los pelos, por chunga.

 

Un besi.

PD: No me denuncies, porfi, que no tengo dinerito para abogados. Ya si eso me lo comentas y te pido perdón públicamente o algo, pero en serio. Deja los juzgados en paz, que están súper congestionados con las demandas de los famosos y esas movidas. Total, quiénes somos tú y yo. Unas mindundis. No te rayes, Nube, tía. Otro besi.

 

David Urbano